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Doña Violeta es sin duda la músico más trascendente del cantar popular chileno y latinoamericano, su legado es y será cuestión de estudio y admiración por generaciones de artistas, ustedes se preguntarán y que tiene que ver con el blues??... pues mucho, ella cumplió el mismo papel de WC Handy; el recopilar y rescatar ºel canto folclórico campesino, que en su similar del norte se desarrolló como blues del profundo sur, gracias a gente como Violeta, existe hoy registro de toda la música y el imaginario cultural de los campos. Violeta del Carmen Parra Sandoval nace en San Carlos, 4 de octubre de 1917, en una modesta vivienda de la calle Robles 531 de esa ciudad, músico, cantante, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, considerada por muchos la folclorista más importante de Chile y pionera en el rescate del cantar popular campesino. Hija de un profesor de música, Don Nicanor Parra y una cantora popular doña Clarisa Parra, su infancia se desarrolla en el campo junto a sus nueve hermanos, entre ellos, Nicanor, Roberto y Lalo, ya de pequeños muestran sus habilidades artisticas presentando pequeños espectáculos en plazas, cantinas y circos. A los nueve años ya compone sus primeras canciones, fuertemente influenciada por su entorno y estimulada por su hermano Nicanor quién la impulsa a la creación El aporte de Violeta Parra al quehacer musical y artístico chileno es considerado de manera unánime como trascendente e invaluable. Su trabajo sirvió de inspiración a un sinnúmero de artistas posteriores a ella en el tiempo, que continuaron con su ardua tarea de rescate de la música del campo chileno y las manifestaciones constituyentes del folclor del país y de Latinoamérica. Sus composiciones propias han sido elogiadas por críticos de todo el mundo, debido a su complejidad y elaboración musical y a sus letras poéticas, ingeniosas y comprometidas. Sus canciones han sido versionadas por un sinnúmero de artistas en Latinoamérica y el resto del mundo.
Pasa la mayor parte de su infancia en la localidad chilena de Lautaro, en conjunto con sus ocho hermanos y dos medio hermanos.Clarisa, su madre, se afana sobre la máquina de coser para cooperar a la manutención de la prole numerosa. Violeta sufrirá continuamente de enfermedades, incluyendo un ataque de viruela a los tres años. Estando sana, se divierte junto a sus hermanos en las aguas del vecino río Cautín y en los aserraderos y barracas del sector. Hacia 1927 la familia vuelve a Chillán. El padre, que ha sido despedido del trabajo, siente que pierde su norte y bebe para paliar la frustración. Durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, cientos de empleados fiscales son exonerados, y la madre de Violeta hace lo imposible para mantener el hogar a flote cosiendo infatigablemente, lavando, vendiendo y comprando lo necesario. Los niños revelan precozmente su inclinación al espectáculo. Imitan a los artistas de los circos que se instalan en las proximidades del hogar. Se disfrazan con atuendos de papel; a dúo cantan Violeta y su hermano Lalo, y montan más de alguna representación por la que cobran entradas a los niños. Violeta toma su guitarra a los 9 años, mientras que a los 12 ya está componiendo sus primeras canciones. Violeta sigue cursos primarios y un año en la escuela normal, pero abandona sus estudios y debe trabajar en el campo para ayudar a su familia, ya que su padre enferma gravemente; los pocos bienes que les quedan son enajenados. La pobreza es combatida por los niños que salen a cantar en trenes, campos, pueblos, calles e incluso en más de un burdel. San Javier, Chillán, Parral, todo lo recorren. Restaurantes, posadas y circos tampoco son desechados. Los graves problemas económicos se agravan en gran medida cuando el padre de familia fallece en 1929. Invitada por su hermano Nicanor, que desarrolla estudios en la capital de Chile, Violeta marcha a Santiago a los 15 años. Mientras estudia en la Escuela Normal de Niñas, donde no se siente a gusto, porque es el canto y no la escuela lo que la hace sentir viva, por lo que la abandona y comienza a presentarse en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio, junto con su hermana Hilda, en un dúo de música folclórica llamado Las Hermanas Parra, siendo ésta una fuente para recibir ingresos. En 1935, su madre y sus hermanos llegan a Santiago y se instalan en la comuna de Quinta Normal. El empleado ferroviario Luis Cereceda se convierte en su primer esposo, en 1938. Con él tuvo dos hijos, que también se convirtieron en importantes músicos: Ángel e Isabel, que llegaron al ambiente artístico utilizando el apellido materno. El matrimonio, que vivió temporalmente en Valparaíso, no tardó en presentar inconvenientes, dado el carácter inquieto y lleno de distracciones de Violeta (que cantaba en boites del puerto, se presentaba en radios y se había unido a un grupo de teatro), que no se acomodaban al ideal convencional de esposa casera de Luis Cereceda. Se separan en 1948. En la misma época edita sus primeros discos junto con su hermana Hilda, para el sello RCA Victor. Son grabaciones singles de canciones populares chilenas, como "El Caleuche", "La Cueca del Payaso" y "La Viudita". El dúo funcionó de manera constante hasta 1953. Posiblemente la soltería la impulsa a continuar, con humildad y estoicismo, su labor creativa en diversos escenarios de la capital. Cuando se inicia la década de los 50, comienza su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales en diversos barrios de Santiago, y a lo largo de todo el país. En estas andanzas conoce a diversos poetas chilenos, incluyendo a Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena, en contra de los estereotipos que hasta ese momento se manejaban. Es así como su repertorio, hasta entonces basado en valses peruanos, corridos mexicanos, boleros y cantos españoles, pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno, que le permiten descubrir los valores de la identidad nacional como ningún otro artista lo había hecho antes. sta labor de recopilación se ve plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en un libro (Cantos Folclóricos Chilenos) y sus primeros discos en solitario, editados por EMI Odeón. Así, en 1953 graba los exitosos sencillos "Casamiento de Negros" y "Qué Pena Siente el Alma", que se convierten en dos de sus canciones más conocidas. Al año siguiente, mantiene en la Radio Chilena el programa Canta Violeta Parra, y gana el Premio Caupolicán a la folclorista del año, lo que le vale una invitación para presentarse en un festival juvenil en Varsovia, Polonia. Aprovecha este viaje para recorrer la Unión Soviética y partes de Europa. Es muy provechosa su estadía en París, ya que allí graba sus primeros larga duración (Guitare et Chant: Chants et Danses du Chili, editado en 1956 y una serie de canciones grabadas que se editarían en diversas compilaciones posteriormente), que incluían exclusivamente canciones recopiladas del folclore chileno. El éxito obtenido en Europa es inédito para cualquier artista chileno, Violeta se llena de inspiración y creatividad. Sin embargo, estando en París se entera de la muerte de su hija Rosita Clara. En 1958 regresa a Chile, y posiblemente para sobreponerse a esta tragedia, su actividad artística se vuelve interminable. Cuatro discos suyos aparecen en ese mismo período (Canto y Guitarra, 1957; Acompañada de Guitarra, La Tonada y La Cueca, todos de 1958), en la etiqueta de EMI Odeón, con varias de sus primeras composiciones. Acá asoma la cantante preocupada de temas sociales ("Yo Canto a la Diferencia"), la brillante constructora de décimas y composiciones poéticas ("Verso por Desengaño") y la musicalizadora de poetas ("Cueca Larga de los Meneses", de su hermano Nicanor). Los discos son grabados con el mínimo acompañamiento de una guitarra de madera, y en la actualidad se encuentran descontinuados, al igual que su álbum editado en Argentina (donde se censuró su polémica canción social "Por Qué Los Pobres No Tienen") y el álbum Toda Violeta Parra, lanzado en 1960. Además, su actividad artística comienza a diversificarse: trabaja en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras. Trabajó un tiempo en un museo de arte popular y folclórico que ella misma fomentó a crear en la Universidad de Concepción y luego viajó por casi todo Chile, ofreciendo cursos de folclore y recitales. Violeta se siente más apreciada en el extranjero que en su propio país. Entre 1961 y 1965 reside en Francia, continuando con su intensa actividad artística y constantes recitales, siempre intentando difundir el folclore chileno. Su residencia en París le sirve para lanzar al mundo del disco a sus hijos Ángel e Isabel, con el mote de Los Parra de Chile, y continuar con sus grabaciones (el notable disco Recordando a Chile (Una Chilena en París) incluye dos canciones compuestas y cantadas en francés, además de otros temas muy importantes de su carrera, como "Paloma Ausente" y "Arriba Quemando el Sol"; graba, además, una serie de canciones para el sello Arión, en 1962, que surgirían en diversas compilaciones con posterioridad). Es una etapa de gran nostalgia, tal como lo atestiguan canciones tan sentidas como "Violeta Ausente". En 1964, la chilena logró una marca histórica al convertirse en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el famoso museo del Louvre. Escribe también un libro (Poesía Popular de Los Andes) y la televisión de Suiza filma un documental sobre su trabajo (Violeta Parra, Bordadora chilena), que se constituye en una de las escasas fuentes audiovisuales que hoy se conservan de Violeta. En este período forja una firme relación junto al musicólogo y antropólogo suizo Gilbert Favré, que se convertiría en el gran amor de su vida, y destinatario de sus más importantes composiciones de amor y desamor ("Corazón Maldito", "El Gavilán, Gavilán", "Qué He Sacado con Quererte", entre muchas otras). Se desata en este tiempo también la composición más comprometida y crítica de Violeta, y sus textos más combativos surgen en esta época: canciones como "Miren Cómo Sonríen", "Qué Dirá el Santo Padre", "Arauco Tiene una Pena", "Según el Favor del Viento" formarían la base de la corriente musical conocida como la Nueva Canción Chilena, corriente que provoca un profundo cambio en el contenido de lo que hasta entonces se consideraba la música folclórica y popular en Chile hasta ese entonces, donde se hace referencia principalmente al pasar vanal del patrón y sus inquilinos, donde estos últimos son motivo de burla y asociados constantemente a la fiesta y el alcohol y donde el “patrón” es ensalsado como el motor y generador de toda algarabía para sus lacayos. Violeta despliega una capacidad lírica impresionante al describir injusticias y miserias, tanto en la vida rural como urbana, su ojo asertivo desnuda las injusticias sociales a un público que no comprende esta nueva forma de representar la vida campesina y también la urbana en Chile. Las canciones serían recogidas en las numerosas ediciones de Canciones Reencontradas en París. En 1965 Violeta regresa a Chile. Instala una gran carpa en la comuna de La Reina, con el plan de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, junto con sus hijos Ángel e Isabel, y los folcloristas Patricio Manns, Rolando Alarcón y Víctor Jara, entre otros quienes recogen de ella la inspiración para definir su trabajo como creadores. A pesar de su bello sueño de convertir la carpa en un referente para la cultura de Chile, la respuesta no es muy motivadora, y el público no la apoya. La incomprensión del público chileno es uno de los factores que desencadenaría el terrible final de su vida. El final de su relación con Gilbert Favre, que se marcha a Bolivia en 1966 (originando una de sus canciones más conocidas, "Run Run Se Fue Pa'l Norte") la deja en un estado de ánimo muy vulnerable. Las últimas canciones que escribe se reúnen en el notable disco Las Últimas Composiciones, lanzado ese mismo año, y que incluye sus himnos humanitarios "Gracias a la Vida" y "Volver a los 17", además de otras canciones igualmente importantes y conocidas, como el "Rin del Angelito", "Pupila de Águila", "Cantores Que Reflexionan" y "El Albertío", famosas hasta el día de hoy. El álbum, grabado junto a sus hijos y al músico Alberto Zapicán, sería lo último que grabaría. El 5 de febrero de 1967, a los cincuenta años de vida, y luego de varios intentos fallidos, Violeta Parra termina con su vida en la carpa de La Reina, dejando un legado de esfuerzo y sacrificio al Chile y el mundo. Violeta dejó una gran cantidad de música inédita, que se ha ido conociendo en el último tiempo. Algunas de sus Décimas Autobiográficas (ya editadas en libro) habían sido grabadas con voz de Violeta, y fueron recopiladas en un CD editado por Warner, (Décimas y Centésimas) al igual que un concierto en vivo otorgado en Ginebra (Violeta Parra en Ginebra) y sus peculiares Composiciones para Guitarra, álbumes que vieron la luz en 1999. Además del gran legado de sus propias grabaciones, Violeta Parra ha sido versionada por una inmensa cantidad de músicos chilenos, entre los que se cuentan Víctor Jara, Quilapayún, Illapu, Los Jaivas (que tienen un disco completo dedicado a la música de la folclorista chilena, titulado precisamente “Obras de Violeta Parra”, que cuenta con colaboración de Isabel y es considerado por muchos como el mejor disco de la agrupación viñamarina), Inti Illimani (que, además de diversas grabaciones individuales de canciones de Violeta, ejecutó la obra de Luis Advis Canto para una Semilla, musicalización de las Décimas Autobiográficas de Violeta). Un tributo rock producido por Álvaro Henríquez y con la participación de artistas como Los Bunkers, Pettinellis, Javiera Parra, Chancho en Piedra y Juanita Parra, vio la luz en 2001 con el título de Después de Vivir un Siglo. Violeta ha sido motivo de homenajes y revisitas de su trabajo en innumerables ocasiones, por sus hijos Ángel e Isabel, su nieto Ángel Parra ha editado un disco con las "anticuecas" en 1994, y Tita Parra lanzó una continuación de su trabajo de "décimas", con el título de “Centésimas del Alma” en 1998. En el extranjero, Violeta ha sido versionada por artistas como Mercedes Sosa, Pedro Aznar (Argentina), Elis Regina y Milton Nascimento (Brasil), Joan Manuel Serrat (España), Silvio Rodríguez (Cuba), Susana Baca (Perú), Joan Baez (Estados Unidos), entre muchos otros. La inconmensurable bastedad de su obra la hacen grande entre las grandes y al contrario de lo que muchos piensan al igual que Víctor Jara veía en la música una herramienta de cambios sociales como ninguna otra, dispuesta a probar con distintos colores y sonidos, fusionando e investigando hasta el día de su muerte… Violeta es sin duda la sangre y el alma del cantar popular en Chile. Fuente: Wikipedia
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