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Una melodía trascendente, tal como una relación con una fémina resplandeciente, se valora más según su sabor que va dejando con el tiempo. Dejar pasar las lunas, para sentir qué tan inolvidable fue la experiencia. Escribir con un paso más pausado, donde tranquilo pueda brillar el sol. Eso mismo he querido sentir con el concierto de nuestros amigos del alma, El Cruce, en su lanzamiento de 770, cuarto disco de la agrupación insigne del blues criollo.
Teatro Teletón, olimpo de muchas batallas campales, de partida, su nombre es símbolo de la solidaridad hipócrita fundada en tiempos de cadáveres reventados en el Río Mapocho. Mientras una pequeña mayoría, actual, prefiere darle la espalda a la realidad y sentirse “participando” de las 73 horas de “amor”, al son del rock and roll de la alfombra infernal del 24.1500-03, con cada moneda engrosando las capas de la ceguera, y pavimentar de fondo la legitimidad cómplice de un sistema del cual los incapacitados son costeados por el bolsillo de la misericordia barata.
Tal vez el Blues quiso expresar su poder sanador desde esas trincheras, buena decisión.
El verdadero Arte es sin duda lo único que va quedando hoy como fuerza fulgurante salvadora del mundo. Los minutos fueron pasando, blueschileno.com fue expresamente invitado por Felipe Toro a presenciar el evento. Churú Chu ru rú tomó las fotos, y puso la magia.
Hubo de todo, chinchineros, fiesta con trutruka, invitados de lujo, Cristián Gálvez, Carlos Corales y Denisse, Gonzalo Araya, incluso una dulce figura fémina al son de un blues a lo Barry White. ¿Cómo olvidar su sabor visual mientras movía su cuerpo en un streap teas sensual? …. Como un asteroide, explota un poema en ese instante
Diosa de los bending notes
No abandones mi cuore
Eres pasión azul
Mientras explotan tus sabores.
Que más decir, que sin duda es
un hito en la historia del blues en Chile, un teatro con
aproximadamente mil personas (847 taquillas vendidas + invitados)
vitoreando el cuarto disco de una banda que va creciendo en agallas
cada día, y si me preguntan con qué tema me quedo, no puedo, me gustan
todas.
Digno de destacar la puesta en escena, el sentido estético, fue un
concierto que duró más de 3 horas, y no aburrió, les prometo que
incluso me tomé una siesta, y en cada sueño el Rock & Blues fue
gestión de éxtasis existencial. El Cruce demostró ser banda de Estadio
Nacional, se la puede, con energía y repertorio, ni una duda, sólo
falta el público.
Entre cada segmento del concierto un video mostraba los diez años de
trayectoria de la banda, todo bien planificado en timing, visiones de
cariño registradas mientras en portería recortaban las entradas. Se
abren las cortinas y para qué hablar del sonidista, si ya sabemos que
pasó. Pero en el transcurso del evento todo se olvidó. Claudiño
Bluesmen Valenzuela, con micrófono inalámbrico inauguró la cruzada con
un redada blusera entremedio de todo el público situado en el front
stage. Ya todos quedamos ahí prendados con los sonidos del alma, y las
cuerdas vocales de Toro Blues nuevamente nos inflaban el pecho.
La dulzura del Negro Silva expresó el respeto por los maestro, con paso
candente, Cristián Gálvez entró en escena y prendió las cuerdas de su
bajo con solos de blues poco frecuentes en jugadores del jazz
intelectual, lo que inyectó mística al asunto, pues nunca pensamos que
54 minutos después Carlos Corales y Denisse cuerdas astrales, nos
impregnaran explosiones de euforia convirtiendo la historia del blues
nacional en un protagonista del escenario.
De repente en un abrir y cerrar de cortinas, aparecieron en formato
acústico, más cerca del público un El Cruce, vestido de negro y
amarillo, con corbatas anchas, merecedoras de un elegante poema
surrealista. Se deslizaron por ese callejón, temitas de corte filete
como “Llévenme”, “Blues a un amigo”, “Mi Negra” para dar paso a una
joyita musical de sofisticado paladar con “Sentir” donde Gálvez jugó de
mediocampista bossa nova, abriendo campo al romanticismo de un “Hoy no
lloraré por ti” para finiquitar con fuerza criolla al desenfundar “No
dejaré de pelear”. Fuerza, riesgo y calidad…ingredientes supremos para
una adrenalínica realidad.
Tengo una espina muy grande
Clavada en el Corazón
La tierra de mis padres
El huinca se la robó
Gente de gran prestigio
Viniéronse para quedar
No se asfixian con sus edificios
Y no se echan para tras
Hay cosas que yo no entiendo
Dicen que para mejor
Van a inundar mi pueblo
Van a hundir mi tradición
Estos últimos versos, escritos con sentido respeto hacia nuestros
pueblos ancestrales, son columna vertebral de la sensación trascendente
que dejó la experiencia del lanzamiento 770, una etapa nueva para El
Cruce, una evolución que se está sembrando, un romance con la verdad
que limpia con seguridad un camino de frutos dulces por una identidad
más mejor. A esos sonidos que vienen, gracias por existir.
Dichosa es la banda que declara a los cuatro vientos “yo no quiero prensa”.
Fin
por Panamá Harmónica
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